Con tanta atención puesta en bailar cueca y en la llegada de las flores, a mucha gente se le olvida que más de la mitad de Septiembre es todavía invierno. Y para hacerle honor a mi ciclo favorito del año antes de que termine, quería recordar el disco que le dio sentido en esta ocasión. “Reminiscencias” se estrenó a finales de mayo, justo poco antes del solsticio, luego de estrenar unos cuantos singles desde la segunda mitad del 2017.
Estación Filgueira tiene un líder compositivo bien claro: Renzo Filgueira, quien con su nombre da la mitad del título al proyecto. Justamente conversamos sobre el nombre de la banda en una entrevista que hicimos a propósito de su disco debut, donde nos comentó que “tiene que ver con un homenaje a mi abuelo y a los recuerdos que tengo de él”. El proyecto musical nace entonces de una cuestión súper intimista, elemento que está también a lo largo de las 8 canciones: es un disco ideal para escucharlo solo y con frío, pero feliz.
Ahora, a pesar de que las ideas compositivas nazcan de Renzo, Estación Filgueira es un proyecto banda con algunos integrantes fijos y que en este disco cuenta con varias colaboraciones, y lo entretenido es ver cómo esta cuestión intimista y personal de Renzo es traspasada al resto de personajes. Una de las historias que más me gusta es la de “Vale, la pena”, quizás la mejor representación de la mezcla electrónica y folkclore que propone todo el trabajo, y que fue también la primera canción que contó con la producción del gran Martín Pérez aka Merci Merci, quien terminó metiendo mano también en el resto de las canciones. Pero además de esto, “Vale, la pena” tiene otra colaboración de origen muy bello: el charango es interpretado por Danilo Morales, profesor de música durante la etapa escolar de Renzo (quien, a todo esto, tiene como unos ventitantos años no más), y la persona responsable de impulsar su interés por la música andina y por seguir una trayectoria personal; así que básicamente, le debemos mucho a Danilo.
Me gusta también poner de mi propia experiencia en la escucha de estas canciones. Me pasa eso con “Sol”, cantada en un portugués que no manejo, pero que me evoca a la calma de estar en mi balcón de edificio del centro y quedarse mirando cómo atardece y se van prendiendo las luces de las calles. “Trata sobre un amor cansado, casi muerto de tanto exigirse y tanto luchar, (…) es el último suspiro de un romance”, nos comentó Renzo en la mencionada entrevista, así que algo por ahí de “últimos destellos” tiene. A esta cuestión bien sensacional de no entender el idioma, le sumo también que destaca la voz de Josefina Espejo, quien participa de forma regular en la banda. A la Jo la conozco y admiro personalmente, tanto por su proyecto solista (que según nos ha comentado, pronto tendrá su primer disco), como también por sus labores como Persona Natural, nombre bajo el cual creó durante el semestre pasado el ciclo “Al ritmo de las úteras”. No puedo evitar reunir estos elementos y ponerlos en juego en la obra musical de la banda, escuchar el “Reminiscencias” me evoca todas estas cosas.
Hay una cuestión de simpatía entre lo lírico y lo musical en la canción menos folk, un casi reconocimiento a “lo andino”. “Bajo desde los Andes, (…) hasta los valles, (…) desde el este”, se me imagina que habla del calorcito de mañana después de una noche bien fría. Momento justo para sentarse a tomarse un cafe con cigarro, un espacio que es súper imposible con tanta responsabilidad material de estos días donde el único tiempo libre que va quedando es durante la noche. “Raco” me ayudó a pensar a valorar espacios del día que no sabía que echaba de menos, y cada vez que los tuve durante estas semanas los traté de aprovechar aunque fuese domingo. Al final quedo con la pena de que el verano con vacaciones no alcanza a pesar igual.
Y claro, ahora acaba de terminar agosto, y estuve todo el mes buscando alguna vuelta de por qué da nombre a “Agosto”, mi favorita del disco. Hay como una cuestión demasiado primitiva en las percusiones, de partir en calma para ir progresando y sumando sonidos, mucho andino y mucho indie si se quiere. Hablar de techos, de siete vidas (cinco de ellas perdidas curando heridas), escalar y no caer parado, y todo esto bajo el contexto de “Agosto”, me remite a una figura felina, medio distante y en los recuerdos. ¿Será una especie de despedida? Me termino por convencer de que, nuevamente, es una cuestión tan particular en su autor que habría que investigar por esos lados, en las experiencias personales, para dar luces; pero quizá eso le quita la magia de repetir una y mil veces la canción. La repetición casi diaria de estas canciones son las que me han acompañado muy bien durante los últimos fríos, y darle vuelta a los sonidos e ideas que va dejando, ha sido el cómplice perfecto de las temperaturas bajas que se van a ir de aquí a un mes más
Al final, “este invierno tiene nombre” se repite en el coro, y yo no tengo otro nombre que ponerle a este invierno que “Reminiscencias, de Estación Filgueira”.




