Sobre la Violencia

(Texto y portada por Balentina Blasto).

Escribo esta reflexión a raíz de las recientes denuncias públicas sobre agresiones sexuales en contra de mujeres, ocurridas en la escena independiente de la música nacional. Sustancialmente, como acto de solidaridad femenina y de apoyo a los desgarradores relatos de tantas mujeres, no solamente por la violencia física, sexual y psicológica que han sufrido por parte de hombres que forman este circuito, sino también por el grave encubrimiento y la indiferencia que otros hombres, con quienes también mantenían relaciones de trabajo y afecto, les hizo pasar. Estoy muy impactada por la crudeza de sus experiencias y me ha dado mucho para reflexionar sobre mi desenvolvimiento como mujer-artista en la sociedad que vivimos.

Leyendo comentarios al respecto de los artículos publicados en POTQ.net, me topé con uno en específico que me quedó dando vueltas. Éste calificaba la reacción general de las víctimas de estos abusos como “pasiva” y de “poco empoderamiento real, más allá del simple acto de denunciarlo públicamente a través de redes sociales”, reacciones poco efectivas para detener una situación de agresión tales como “llanto o crisis de pánico”. Obvio, este comentario indolente venía de un hombre, nos instaba a tomar cartas en el acto y atacar físicamente al agresor u otras acciones parecidas.

Deseché inmediatamente su posición, evidenciaba de una manera burda que nunca se había enfrentado a una agresión ni a un acoso sexual, pero no pude evitar quedarme pensando en mis propias reacciones y las de mujeres con las cuales me relaciono.

Lamentablemente, ser víctima de hombres que te acosan y violentan es parte de la vida de todas las mujeres. Todas tenemos una historia que contar, historias que quizás nos avergüenzan porque se nos ha hecho creer que ocurren por nuestra culpa, historias de dolor y desengaño, a veces muy prematuras. Pensé en mí y en mujeres de mi familia con reacciones algunas veces “efectivas en el acto de autodefensa” frente a estos tipos de violencia, dando pie a cuestionarme cuál es la diferencia entre las mujeres que reaccionan y aquellas que quedan paralizadas, tratando de identificar los hechos que nos hacían empoderarnos más rápidamente.

Y es que soy una mujer pobre y fui criada por mujeres pobres también, ellas, valientes, han hecho lo que han debido hacer frente a las circunstancias machistas y las precariedades del sistema que han enfrentado. Ser una mujer pobre y estar vulnerable, al nacer en ambientes violentos, nos puede hacer aprender dos cosas: a reaccionar de manera violenta desde muy pequeñas o, a someternos más fácilmente a las violencias de las que somos víctimas, ambas situaciones que, al ser la norma, sólo dan como resultado buscar una solución o sobrevivir con la resignación. Las dos ocurren a la par.

Entonces, la reflexión se vuelve aún más profunda y terrible. Los estratos sociales más bajos están raptados por una violencia transversal que también afecta a hombres, pero, por sobre todo, a nosotras (las mujeres). La clase social configura ciertas experiencias de vida como, por ejemplo, a qué edad te empiezas a desarrollar con la violencia, generando ciertos mecanismos de auto defensa en tu personalidad. Las mujeres pobres aprendemos más rápido a resguardarnos, a “no exponernos” a situaciones potencialmente peligrosas para nuestra integridad porque siempre tenemos más que perder. Nos enseñan que hay algo que tenemos que cuidar y sobre nosotras flota un halo de inseguridad, estamos vulneradas desde antes de nacer, cuando aún estamos en el vientre de nuestras madres, de quienes heredamos su pobreza.

¿A qué quiero llegar con esto? Bajo la lógica del autor del comentario, el cual cité antes, hay un par de cosas que una mujer obviamente puede hacer sobre este tema:

Lo primero es evitar ser abusada, acosada o agredida

– ¿Cómo?

Si eres mujer no tomes alcohol, no uses drogas, no andes sola, no tengas amigos hombres, no salgas a tocatas, mejor no salgas ni a la calle, no te enamores de hombres dañinos, procura incluso no enamorarte ni relacionarte con nadie.

Lo insólito (y aquí destruyo la base teórica del comentario de, a estas alturas, mi íntimo amigo) es que, tal vez, si una hiciera todas esas cosas, podría ser violentada igual, y pasaría simplemente por ser mujer.

Y es que nosotras no pensamos todos los días, todo el día, en que alguien nos puede manosear en la calle, y mucho menos si ese alguien es nuestro amigo y lo conocemos hace largo tiempo.

Estas cosas pasan igual, y no es porque los hombres estén enfermos o no sepan lo que hacen, es porque la sociedad está enferma y moldea a los hombres como potenciales agresores.

Mi papá dice que “Los hombres son chanchos y comen en donde se les dé”, y, con estos ejemplos, tristemente le doy la razón. No es que todos sean iguales y ninguno se salve, tampoco es porque una sea indefensa, es por el modelo masculino que predomina. Así como se aprende, se puede desaprender y ser una mejor persona, no pongo en duda eso.

Volviendo al punto, cuando sufres una situación en donde eres violentada tienes dos opciones más (vuelvo a la lógica de mi amigo-comentarista):

Puedes quedarte pasmada y en shock -que, a todo esto, pasa usualmente porque, como ser humano, una intenta vivir con seguridad sin estar siempre alerta (menos en lugares donde nos sabemos resguardadas)-, sintiendo frustración, impotencia, dolor, y peor. Lo digo yo, que he sufrido acosos y abusos desde los 11 años.

La otra opción es reaccionar violentamente frente al tipo que te agredió.

Las cárceles de mujeres están llenas de mujeres pobres. Lo menciono para así ir aun más adentro, porque cuando hablamos de “la escena de la música independiente chilena” reluce el centralismo y los temas de clase. Los casos de mujeres violentadas descritos en los artículos publicados en POTQ.net ocurren mayoritariamente en Santiago, en un circuito pequeño, que habla de las precariedades del sistema en políticas culturales y que, además, nos deja observar los lazos que se generaron entre estas personas, a través de cosas tan cotidianas como haber estudiado en los mismos colegios y universidades, el haberse conocido por redes en común me lleva a hablar de clase, ya que, entre el acceso a la educación y el nivel socioeconómico, existe una relación directamente proporcional. Así funciona el sistema educacional chileno y el sistema en general.

Por eso, como dije que los estratos sociales más bajos parecen estar raptados por la violencia, la articulación de la cultura en Chile parece estar secuestrada por los estratos sociales más altos (y medios, medios/altos po). No es un tema del cual exista desconocimiento, es algo de lo que muchxs sabemos, aun cuando no tenemos los recursos y vivimos lejos de la capital.

Mi invitación, a través de todo esto -y por la reacción que he visto en redes sociales de decepción por los músicos que han caído con estas denuncias-, es a desechar esas ansias de referentes y convertirse unx mismx en alguien a quien se pueda admirar, además de recomendarles que escuchen música hecha por mujeres. El circuito del que hablamos está también secuestrado por sobrantes hombres con poder y esto debe parar en algún momento. Hay muchas mujeres talentosas y menoscabadas que merecen tener reconocimiento.

Debemos seguir apoyando las denuncias que surjan para que se pueda, de algún modo, hacer justicia y construir una sociedad más igualitaria, creando redes de confianza y amor con y entre mujeres, identificando los privilegios que tenemos y así ser más responsable con las formas en que los ocupamos.

Me quemo la cabeza tratando de ser consecuente, de ir en busca de estas nuevas formas con las que soñamos las feministas, donde proyectamos nuestra seguridad y recursos a nuestras pares, dejamos de aplastarnos y ahogarnos con los mismos métodos que los machitos usan para aplastarnos a nosotras y asegurarse de ahogar a las grandes mujeres que podemos llegar a ser en el futuro.

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