Querido Diario: la amistad y las tocatas

(Texto y Fotos por Francisco Guerra Galaz).

El otro día (el 28 de julio) fui a ver a Medio Hermano y Siempre Llueve al Atardecer en Bar Loreto. Como esa misma noche se presentaron DJ Pato Pérez, Emisario Greda, Patio Solar y los argentinos Tobogán Andaluz en el Club Subterráneo de Providencia, me quedé sin compañía para ir a vacilar con el otrora integrante de La Reina Morsa y su gente. “No hay problema, si solo vacilo mejor”, pensé… pero estaba equivocado.

Llegué al Loreto luego de paquearme todo el camino -porque creía que alguien trataría de robarme el celular o la cámara que llevaba en la mochila- y le dije a la chica de la puerta que estaba en la lista del Diario. Vi mi nombre con un “+1” junto a él y pensé “pucha, pa la otra”.

Saludé a una amiga que andaba trabajando y me senté a esperar que partiera lo güeno. Revisaba las redes sociales mías y del diario (100% trabajólico), veía cómo estaba el ambiente esa noche de viernes, pensaba en lo aburrido que es ir sin compañía a las tocatas y en si debía ir a comprarme una cerveza a la barra o hacer un amigo ahí mismo. En el colegio nos decían, a mí y al resto del curso, que el ser humano es un animal social. “¿Será que la profe Marta tenía razón?”, volvía a pensar.

Apenas vi a los Medio Hermano subir a la tarima me levanté y caminé hasta el escenario para poder tomar fotos.

medio hermano bar loreto x fco guerra

Mientras las ondas sonoras que conforman “No Siento Nada” salían del parlante dañándome el oído y me ponían a menear el bote al mismo tiempo, comencé a olvidar lo solo y apenado que me sentía en ese bar. Decidí concentrar mi atención en tomar fotos, enfocar el lente de la mejor manera, cagarla lo menos posible con la cámara y disfrutar las melodías del grupo que lanzó “Lucha Libre” (Sudamerican Records, 2016), su primer elepé hace unos meses.

Sonaban “Constelaciones Nuevas”, “Bajo el Mismo Cielo” y otros temazos cuando caché que entre el público había pura gente famosa del círculo en el que se desenvuelve la banda: Joaquín, uno de los vocalistas de Paracaidistas (quien más tarde se subió a la tarima a cantar “Una Bala en Medio de la Nada”), Matías, baterista de ECSDLQHP, Elías, Sebastián y Constanza de Piloto (ésta última también se desenvuelve como conductora y directora del pulento canal Picnic TV) y varios otros rostros de la farándula chilena.

Medio Hermano tocó una canción de t3r4t0m4, “Aprender a Caminar”, lo que me hizo pensar “oye qué lindo eso de hacerse amigos de músicos nuevos sin problemas”, sin importar las distancias, las edades y las experiencias, y recordé que esa misma tarde me junté con mi mejor amigo, el chino –como yo mismo bauticé por sus ojos levemente rasgados–, y que no lo vería por un rato porque pronto yo tendría que volver a clases y él a entrenar, haciendo que nuestros planes en conjunto se volvieran más difíciles de concretar. Qué lata no poder huevear todo el día, sentados uno al lado del otro como hicimos por seis años seguidos en el liceo, donde nos pasábamos el día hablando de reggaetón, comida y carretes.

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La agrupación santiaguina cometió un error durante la interpretación de su hit “Ventana al Futuro”, cuando finalizaron bruscamente el tema a eso de la mitad. Algo entendible considerando que, tanto ellos como la fanaticada, lo estaban pasando notablemente bien. Se escuchaban gritos como “ahí no termina” o “así no es” y las nunca suficientes pifias junto con algunas risas y otras carcajadas de los amigos de Mico y compañía, mientras que la banda sonreía y se ponía de acuerdo para retomar la canción desde donde había quedado. De nuevo recordé a mi amigo que, sin importar cuánto yo lo huevee o él a mí, sé que va a estar conmigo hasta que me muera y yo con él porque, como reza la canción del príncipe del trap, “no me preocupo de ser real, el que se preocupa de eso es porque en verdad no es real”.

Así terminó mi sufrimiento… o eso creía.

Después de la presentación del cuarteto, de un break para arreglar las cosas de los músicos y unas cervezas, se dio comienzo a la presentación de Siempre Llueve Al Atardecer, que los despedía de Santiago antes de partir a la capital argentina. Solté alaridos al aire que provenían de mis más profundos rincones, olvidé lo bonito que había recordado y me refugié en mí mismo. La pena había vuelto y yo estaba equivocado de nuevo…

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