Desde muy pequeña he tenido acceso a la música chilena y también de Latinoamérica, pero la mayoría de los artistas que conocía en esos años eran hombres. En esa época, conocía una gama muy pequeña de mujeres en el rubro de la música como Javiera Mena, Francisca Valenzuela y dentro de las cantantes extranjeras, únicamente a Julieta Venegas. Recuerdo que escuchaba la radio “Rock & Pop“ y la mayoría de las bandas que sonaban, se componían de hombres, por ejemplo Los Bunkers o Los Tres, bandas que en esos años eran muy conocidas. Además no era solo en el ámbito radial sino también en la televisión, donde recuerdo que la mujeres en los programas como “Rojo” no tenían un gran espacio para demostrar el talento real que tenían.
A pesar de los ejemplos que mencioné anteriormente, estas eran las plataformas que yo tenía a la mano, pero fueron realmente mis primos los que influenciaron mis gustos musicales. No obstante, la gran mayoría de las bandas que ellos escuchaban en esos tiempos eran hombres, por lo tanto, años atrás las artistas no se tomaba muy cuenta. Sin embargo, con el paso del tiempo he visto un crecimiento de la mujer en la música. Además del furor que ha provocado su desarrollo en Chile y fuera del país, estos cambios no han sido fáciles ya que ha sido un proceso de muchos años donde la mujer ha tenido que triunfar primero fuera del país para recién ahí ser reconocida dentro de Chile.
Actualmente las mujeres y la música están pasando por un proceso de valoración, donde su arte está siendo reconocido cada vez más y eso no es únicamente en Chile sino que también en todo el mundo, donde por lo demás les va excelente. Pero, por más que estas artistas estén siendo valoradas en el extranjero, en nuestro país no ocurre de la misma manera, ¿Cuál será el motivo real de que la música de mujeres no pueda aflorar acá?. A continuación planteare algunas posibles causas.
Primero, desde mi perspectiva yo veo que Chile todavía es muy machista para apreciar positivamente la música chilena y de mujeres, además no son capaces de aceptar que las mujeres están teniendo más protagonismo y están cada vez más empoderadas. Que ellas están sintiendo la seguridad de lograr cualquier actividad sin la ayuda de un hombre a su lado. El feminismo ya no es un movimiento desconocido y se discute en todos los ámbitos, como en el caso de la música donde muchos artistas han criticado la desigualdad que tienen que enfrentar sus colegas femeninas, como es retratado por Yasna Rodríguez en el libro “Mujeres en la Música Chilena“ donde menciona como varios artistas plantean la invisibilización del trabajo y el legado de la música nacional femenina. Pero no es solo eso, sino que también desde siempre la música chilena no ha sido valorada por el público nacional, destaca esta situación, Camila Moreno, que menciona “En Chile no se valora la música, mucha gente te pide ’por qué no venís a tocar gratis´ o si no cuando uno cobra cinco lucas la gente alega…Chile es un mercado pequeño, no es un lugar donde la gente apuesta por la música local.” (“Canciones del fin del mundo”, Manuel Maira). Dicho de otra manera los artistas se ven perjudicados en su arte por los prejuicios de los propios chilenos hacia la música nacional. Entonces, podemos percibir que la dificultad para las músicas chilenas es doble: primero, por su condición de mujer, y segundo, por ser chilenas, en un contexto en que el propio país no valora su producto nacional. Por otro lado, los medios masivos son otra de las causas de porqué la música no es escuchada o conocida, ya que no existe una masificación de la música chilena, sino que se prioriza la música extranjera.
Como decíamos anteriormente, las mujeres en el rubro de la música muchas veces son valoradas en el exterior mientras que acá no ocurre nada, un claro ejemplo es el hecho de que muchos músicos deben ir a probar suerte a otros países para recién ahí alcanzar un mayor reconocimiento en Chile, como expresa Ana Tijoux en el libro “ Canciones del fin del mundo“ donde explica desde su propia experiencia que en el año 2009 estaba pasando por una situación muy complicada ya que no le estaba yendo muy bien en su trabajo, tanto así que pensó en irse de santiago en búsqueda de oportunidades llegando al punto de evaluar dejar la música y es en ese momento donde saca su disco 1977 el cual le ayudó a salir fuera de chile y comenzar su ascenso. Ahí tuvo la oportunidad de presentarse en grandes festivales de EE.UU. y firmar con Nacional Records, pero todo esto sucedió en Estados Unidos. Por eso, ella menciona que “Lo más chistoso es que el salto internacional no sucede en mi país, el disco 1977 sale en noviembre del 2009 en Chile y no pasa nada.” (“Canciones del fin del mundo”, Manuel Maira). Aquí explica muy bien que fuera del país ella estaba siendo reconocida por los medios y público, pero que en Chile no ocurría lo mismo.
También existen casos como el de Francisca Valenzuela donde siendo estudiante de periodismo un día la llaman porque U2 querían invitarla para que cantara con ellos en el concierto que darían en Santiago (“Canciones del fin del mundo”, Manuel Maira). A pesar de todo el talento que ella tenía, todavía no era conocida de manera masiva en Chile, pero esta banda mundialmente famosa la escuchó y quisieron compartir el escenario con ella. Así que gracias a estos artistas extranjeros tuvo el reconocimiento y atención que merecía.
Podemos deducir que no es que los artistas nacionales no tengan las cualidades para hacer música de calidad sino que en Chile todavía existe ese prejuicio y predisposición en contra de la música chilena.
A pesar de las dificultades que tienen en Chile las compositoras, se han creado nuevos espacios para que éstas puedan presentar su música, como por ejemplo el Ruidosa Fest donde además de haber música en vivo, se realizan talleres, charlas y stand up, todo realizado por mujeres. Aquí se concientiza sobre las desigualdades que existen y cómo afectan a la sociedad en todos sus ámbitos pero principalmente enfocados en la escena musical, como por ejemplo la participación femenina en los escenarios de los festivales latinoamericanos, donde todavía el porcentaje de mujeres que actúa no es ni la mitad de la participación masculina. También el público puede conocer más sobre destacadas mujeres que están haciendo grandes aportes en sus rubros.
Para finalizar podemos concluir que en Chile y en el mundo todavía no existen los suficientes espacios para las músicas, además de otras desigualdades como las diferencias de sueldo, las situaciones que muchas veces deben soportar para conseguir un trabajo ya que los dueños de la industria musical mayormente son hombres y en ocasiones le interesa el físico antes de el talento que pueda tener la artista. Además no hay suficientes apoyo de los medios masivos para promover y promocionar la música chilena. Por otro lado, si queremos hacer un cambio en la escena musical, como público debemos abrirnos a escuchar artistas nacionales y dejar el prejuicio que existe hacia ellos y formar una opinión propia y no dejarse influenciar por la prensa y las tendencias.
(Texto por Tamara Abarca, 17 años, alumna de 4° año, enseñanza media del Liceo Bicentenario Italia, Ensayo realizado para clase de Lenguaje, Prof. Consuelo Costas)
https://www.youtube.com/watch?v=rAtGaLU9Bjc&list=PLhrglt2nmIGjF11J9Duou7xpwP9qiBtQ8




