Conversamos con Moralo González, compositor, guitarra y voz detrás de Muertos Mutantes, banda que hace algunas semanas liberó en Spotify su único álbum, a 7 años de su lanzamiento oficial.
Corren los años 2011/2012 y agrupaciones como Matacaballos, La Banda Misma, El Minuto Feliz, Pez Hado y Muertos Mutantes, entre otras tantas, dan vida a un hermético y diverso circuito de bandas, que se movían principalmente entre tocatas de colegio y plazas de diferentes barrios al interior de San Miguel.
En este contexto se graba un disco, que pese a la poca repercusión que tuvo en la escena indie, tuvo muy buen recibimiento al interior de esta tradicional comuna al sur de Santiago, en una generación que aún recuerda con nostalgia el crudo sonido y las íntimas letras plasmadas en “Frustración”, primer y único disco de Muertos Mutantes.
Gonzalo Morales, conocido como Mister Paint en el mundo del cómic nacional (co-fundador de The Comic Fome), fue el compositor principal de los 7 tracks del desconocido álbum publicado en el año 2013, y quien por estos días fue el encargado de desempolvar este registro y liberarlo en Spotify.
¿Por qué “Frustración” es un disco que no fue conocido fuera de San Miguel?
Es un disco lleno de guiños a situaciones cotidianas. No teníamos ninguna pretensión con el proyecto. Queríamos cantar las cosas que nos pasaban, y esas cosas eran las mismas que vivían quienes estaban cerca nuestro, entonces la gente de mi edad o más jóvenes enganchaban perfecto con lo que decíamos. Al mismo tiempo la escena local era muy muy diversa, no existía un sonido común, como comenzó a ocurrir en otros sectores de Santiago hace ya unos cuantos años. Entonces generar tocatas cargadas al mismo estilo, para movilizar a alguien que viniera desde fuera de la comuna, era mucho más pelúo.
En ese periodo tampoco nos lo tomamos tan en serio. Ni hablar de prensa o esas cosas. En esos años las bandas que más nos gustaban tocaban en la SCD y esa hueá nos era muy ajena, jamás íbamos a ir a tocar la puerta de un lugar así. Pero hubo un universo más cercano a la comuna que sí enganchó… había hasta muros en las calles rayados con las letras de nuestras canciones y esa hueá era bien impresionante.
¿Cuál fue el camino que recorrieron para encontrar un color auténtico?
Con los integrantes de la banda, éramos todos del mismo colegio y formábamos parte de una trinchera no tan virtuosa al interior de una generación escolar de muchos muchos músicos. Un par de años antes de formar Muertos Mutantes, tanto en la música como en el dibujo me venía haciendo sentido esto de hacer harto con poco. Trabajar con otros conceptos estéticos no tan apegados a la norma. Bandas como Los Prisioneros, Daniel Johnston, Supergrass, Weezer, y por otra parte en el dibujo, el Bizarre Webcomic, fueron claves en esta percepción estilística. Yo antes tuve un proyecto de música muy lo-fi (Moralo González), donde aparecen algunas canciones como “Óscar Lucero”, que sumadas a otras bastante más íntimas que no tenía dónde publicar, terminaron por ser el esqueleto del disco.
Fuimos power trío en la primera etapa y todos remando hacia el mismo lado, buscando esta suciedad. Sin embargo, yo cantaba y tocaba guitarra, pero ni una de las dos hueás las terminaba haciendo tan bien. Ahí es cuando decidimos sumar a otro integrante. Apareció el Claudio quien venía precisamente de la otra vereda de la música, un virtuoso por excelencia, y era nuestro amigo, pero que en primera instancia pensábamos que no le iba a interesar. Con él ya adentro alcanzamos nuestro mejor sonido. Se generaba un cruce muy interesante… onda yo diciendo: vale pico ser virtuoso, hay que meterle con lo que tengas, y por otra parte el Claudio sosteniendo una masa de ruido, con guitarras muy limpias, cuidadas y unas influencias bien distintas a mis referentes. Eso se fue a la juguera y grabamos un ensayo al que después le metimos un poquito de mano y quedó como quedó. Una hueá muy adolescente, cargada de elementos del territorio que habitábamos, y por tanto muy real.
¿Qué proceso personal retratan las letras del disco?
Las canciones son súper íntimas, son el reflejo de un periodo en crisis dentro de mi vida. Salir del colegio sin ninguna convicción, entrar a la universidad y vivir una especie de limbo de sentirse pendejo pero con el deber de estar haciendo vida de alguien más adulto. Yo no quería soltar esa juventud del colegio, tuve una adolescencia un poco traumática que no me permitió ser tan adolescente como me hubiera gustado, y en la universidad quería vivir esas cosas. El disco está bien cargado a lo amoroso y a esto de sentirme con la posibilidad de decir cosas que antes no podía. En ese sentido las letras son muy muy juveniles. Como cuando vives un desamor, y existe una frustración de no saber qué chucha es lo que está pasando.
Hay una canción que dice “qué tiene él que no tenga yo”, esa es una máxima demostración de una rabieta adolescente, y en perspectiva obvio que ya no pienso así, pero me parece fascinante ver lo que me pasaba en esa época. La portada del disco es muy representativa de un funeral de mi niñez. Aparecen mis juguetes en una escena fúnebre bien particular que refuerza la tensión que está presente en el disco, ¿estoy soltando mi infancia o no?
“Frustración” es el único disco de Muertos Mutantes ¿qué pasó después?
Estando en la universidad, en el campus Lo Contador de la Universidad Católica, tuvimos la posibilidad de tocar bastante en la facultad. De hecho hubo fechas bien bacanes, con los Ases Falsos o Denver, y las disfruté mucho porque era como abrir un mundo en un lugar donde no estaba tan presente esta subcultura. Cuando ya habíamos agarrado algo de vuelo y comenzamos a notar que fuera de San Miguel había otros lugares donde bandas estaban haciendo música similar a nosotros, como Las Olas o Paracaidistas, quisimos darle un giro a la banda. Darle un poco más de seriedad, de una disciplina que no era parte del proceso anterior. Ahí creamos Cabro. Con esa banda hicimos otro disco y tuvimos la oportunidad de sumarnos a una escena incipiente donde tocamos con los Medio Hermano, los Amarga Marga, Diego Lorenzini, pero al mismo tiempo, nosotros ya no teníamos la energía de antes. Estas otras bandas que te nombraba, estaban con todo el impulso y nosotros al revés. Yo ya había salido de la universidad y tenía otros intereses profesionales donde estaba depositando mi energía. El Esteban, bajista de la banda, había sido papá, y así todos estábamos ya un poco en otra.
Al mismo tiempo, aparecieron las funas, que por suerte ninguno dentro de nosotros había estado implicado en nada, pero igual sirvió para darnos cuenta que no correspondía a los tiempos una banda de puros hombres hablando de hueás románticas. En paralelo estábamos cansados de estar tratando de entrar a la fuerza en una escena. Ahora mirando hacia atrás, con Cabro logramos un sonido mucho más sólido y limpio, pero perdimos esa honestidad sin pretensión y rebeldía que le dio una energía muy especial al disco de los Muertos Mutantes.
Al final ese álbum es una foto de nuestros carretes de adolescencia, y muestra esta frustración de no saber si hacíamos las cosas bien en esta lucha política contra el sistema, donde al mismo tiempo cada día nos metíamos más en la máquina. Ahora el disco está en Spotify y creo que va a ser bacán, aunque sea para pocas personas, volver a escuchar canciones que estuvieron medio desaparecidas un rato, y que pertenecieron a un periodo donde fuimos muy jóvenes para compartir con aquellas bandas que nos inspiraron, pero muy viejos para formar parte de la generación que vino después.
(Entrevista por Marcos Inostroza – Foto por Claudio García)




