Querido Diario: intimando con Urban Monk y Niños del Cerro

Urban Monk y Niños del Cerro en Bar El Clan DiariodeAnaFunk Querido Diario

Yo creía que por fin había llegado el otoño con sus tardes más fresquitas y agradables. Pero no, marzo tramposo viene y me recuerda que el ciclo termina recién el veintiuno, con calores enfermantes y resfriados de verano. Así que con la Cata no tuvimos más opción que amenizar nuestra previa a la tocata de Urban Monk y Niños del Cerro; cervecitas, papas fritas y cigarros hicieron la espera uno de los patios interiores de nuestro local preferido de Bellavista.

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En eso estábamos cuando nos encontramos ahí mismo con el Diego y el Nahi de los Amarga Marga; los saludamos y nos comentaron un poco de su última gira al sur, donde al parecer la pasaron cachilupi. Andaban en la misma que nosotros, haciendo la previa para la tocata de más tarde (a todo esto ¡tremenda chorrillana cabros! provecho). Al rato después partimos con la Cata al Bar El Clan, pensando que iba a estar muy lleno y que íbamos a tener que dar cara si quedaba la patá.

Llegamos justo cuando los Urban Monk comenzaban su show. A estos pulentos los conocí durante el verano, y nunca los había visto en vivo. Les tenía puestas hartas fichas en mi corazón luego de escuchar sus EPs. Me gustó que el inicio haya sido tranquilo, piolita, donde todos pudimos movernos como planetas en nuestros metros cuadrados. Miré bien atento su show con la sensación de que en algún momento, iban a aparecer de fondo imágenes como las portadas de sus discos que jamás voy a comprender, pero que algo enigmático, algo para llevarse dejan.

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Mientras tocaban el ambiente particular que se estaba generando no paraba de llamar mi atención. Quizás estaba medio paranoico-ansioso. Siempre le he tirado flores a la intimidad que ofrece El Clan, con su mini escenario y las luces compartidas entre bandas y público. Muy diferente esta cercanía a la que se da en otros espacios. Los amigos de siempre se empezaron a reunir, y es que en estas tocatas parece que todos se conocen aunque sea un poquito. Estos dos elementos justamente, creo hacen de estas experiencias una explosión cuática de cabezas y líos emocionales.

Por eso esperaba yo que pronto algo de esto comenzara a hacerse más notorio. En fin, seguí con las antenas paradas, mientras cantaba de vez en cuando las que mejor me sabía. De los Urban Monk Sonaron varias que me gustan, como “Collage”, “The forest Naimisharania’s song” y la muy bailable “Yushin Maru”. Internet me sopló que este último nombre, es el de un barco japonés dedicado a la caza de ballenas en el Atlántico. Plegué ese datito a la letra de la canción y se me abrió un mar de interpretaciones que se me escapaban mientras bailaba en mi lugar. Se me pasó volando la presentación que tal como diría más tarde Simón -vocalista de los Niños-, les salió beia beia.

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Luego de un intermedio musical que disfruté bastante (saludos a quien haya puesto esos temas de Alex Andwanter y de Babasónicos), fue el turno de Niños del Cerro para terminar la noche. Aquí yo dije al tiro: “ya ahora sí va a quedar la cagá”. No éramos muchos pero está comprobado que ese detalle para estos chiquillos es lo de menos. No sé por qué pero estoy acostumbrado a ver a los otros de lejos cuando saltan y se dejan llevar por la masa.

Me gusta caleta esa especie de catarsis que se apodera del público pero siendo sincero casi nunca me sumo. Me falta choreza quizás. Como ya decía, estaba preparado para que algo así se viniera y fuese un continuo desde el comienzo hasta el final del show. Pero en realidad hubo momentos para todo. No fue la lluvia de potos voladores de otras tocatas, con gente cayéndole encima a uno del cielo. Tampoco con gente que emocionada se roba los micrófonos y los devuelve después de no sé cuántas canciones; no, pa qué andamos con cosas.

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Pero sí, hubo pequeños climax definidos por las canciones que se iban coreando. Se bailó, se saltó, se perreó (“el ritmo no perdona”), etc. con intimidad, pero con una intimidad distinta. Ni tan eufórica, ni tan apaciguada. La idea de entremezclarse con la gente, de que no hayan tantas barreras entre quienes tocan y quienes van a verlos se mantuvo y sintió ene. “Nonoto Coo” y “José de los Rayos” las más vacilonas. Walter (conocido-amigo-hermano-wacho-bro de los Niños), cedió a la presión psicológica y cantó con el Simón, “Nos vemos cómodos en este frío”, un poco antes de que la jornada empezara a despedirnos. La terrible performance del amigo, desgarrando la voz hasta empezar a sopear bien sopeado como Dioh manda.

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Lo más memorable de esta segunda parte para mí, ocurrió justamente hacia los últimos minutos. De partida no terminaron con “Las Palmeras”, como muchas otras veces ha sucedido. Yo ya estaba diciendo: “puta oh se acabó”, cuando de repente una versión improvisada entre el Simón y el Pepe -batero de los Niños- de “Sha no sos igual” (2 Minutos) me alegró la existencia. Le siguieron tres canciones antiguas, “qué algún día vamos a grabar” según comentó irónicamente Simón, y que si bien yo no conocía, todavía me pregunto: cómo cresta no las han grabado! ¡Son re buenas!

Revisa la galería completa de Urban Monk y Niños del Cerro en esta tocata haciendo click ACÁ! Y no te olvides de revisar nuestros Queridos Diarios.

(Texto por Carlos Jaque // Fotos por Catalina Paz).

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