Nuestros discos favoritos del 2018

PORTADA FAVORITOS 2018

Este año tuvo sus cosas buenas, malas, bonitas y feas, en verdad como todos los anteriores. En cuanto a música nacional pudimos ver como artistas locales buscaron ponerse en sintonía con las tendencias estéticas del momento, logrando encabezar las listas de mayores reproducciones en las tiendas digitales de música. Por otro lado fue el año donde los grandes del indie chileno estrenaron nuevo material. Hablamos de Javiera Mena  (“Espejo”, Sony), Gepe (“Folclor Imaginario”, Quemasucabeza), Alex Anwandter (“Latinoamericana”, Nacional Records), Ases Falsos (“Mala Fama”, independiente) y a esta lista podemos sumar el esperado segundo disco de Niños del Cerro (“Lance”, Quemasucabeza).

Hubo buenas publicaciones en estos últimos doce meses, pero tal vez no tanto movimiento como vimos el año anterior. Seguramente es una época de transición donde se está pavimentando el camino para que nuevas bandas exploten el 2019 o cuando les corresponda hacerlo. Pese a estas palabras, por favor no malinterpretar ni pensar que estamos diciendo que en Chile no pasó nada musicalmente hablando, porque vaya que sí pasaron. Sobre eso mismo pueden ver nuestras listas con nuestros álbumes debut de este año, dividido en el primer semestre y segundo semestre.

Ahora a lo que nos convoca: parte de nuestro equipo y amigas colaboradoras escogieron sus discos favoritos del 2018 y les quisimos dedicar algunas palabras a modo de cierre del año y preparándonos para lo que nos depara el próximo. Si aún no los escuchas este es el momento para darles play mientras nos lees.

“Utopía” de Ceaese
(Seleccionado por Francisco Guerra)

Hasta este disco, en diez años nunca había escuchado el trabajo de Ceaese, pero cuando vi que tenía colaboraciones con Catana, Young Cister y Polimá WestCoast, tenía que ponerle play. El rap, y bueno, el trap, hace rato que no sólo habla de la calle, los fierros y la droga. En “Utopía” las letras tocan las redes sociales, el amor y el desamor, las tillas y se recurre a personajes como Wasafu, Miguel Bosé o al mismo Gianluca -que después canta con el Cea- para acercar un poco a la audiencia. “Te Quiero Ver” es un clásico instantáneo que llegó a calentar el frío de agosto que se extendió más de lo que debía y ahora se queda pa’ refrescar el calor que nos azota. La colaboración con Drefquila retoma esa misión y nos permite darle al dancin’ sin arriesgarnos a una insolación. En quince canciones, el santiaguino Ceaese logró reunir lo mejor que tiene la música urbana nacional en beats juguetones de trap y reggaetón que sirven de base para la lírica del disco, formando la utopía del artista visual.

“Trino” de Dulce y Agraz
(Seleccionado por Angélica Díaz)

Semanas antes que saliera el álbum ya estaba enamorada del primer adelanto (“Súbitamente”), dejándome una pista de lo que sería “Trino”: 11 canciones de pop emocional compuestas por la Dani, que crean una atmósfera entre sonoridades, pianos y ese toque de electrónica que te invitan a mirar hacia tu interior. Cuenta con colaboraciones de Princesa Alba, Yorka, Natisú, Martina Lluvias entre otras artistas que le otorgan una bonita energía. En lo más íntimo, oírlo es toda una experiencia. Con facilidad hace que mis emociones afloren, incluso sus canciones me han sacado más de un par de lágrimas. Mi corazón agradece infinitamente este álbum, la Dani hizo desde su propia conciencia y estados de ánimo música para sanar, con letras que narran historias y sentimientos personales. Los dejo invitados a dejarse envolver entre las poéticas letras y melodías exquisitas de “Trino”, un trabajo hecho con mucho corazón, se nota que fue ensamblado con tiempo y dedicación, donde la voz es un instrumento más. Disfruten esta creación tanto como yo lo sigo haciendo.

“Lance” de Niños del cerro 
(Seleccionado por Alena)

A los Niños los sigo desde “Nonato Coo” (2015, Piloto), disco con el cual sólo supieron cosechar elogios y hasta con premio Pulsar se fueron por manso debut. Volvieron este año con “Lance”, su esperado segundo trabajo, ahora en el sello Quemasucabeza. Se trata de un disco de sonidos frescos e interesantes, que si bien sigue una línea parecida a su predecedor, cuenta con mayor trabajo de producción y melodías más elaboradas, logrando ir más allá, con la misma energía que los caracteriza, letras cuidadas, entregándonos canciones sinceras, elementos que ya nos habían hecho quererlos desde su primer disco. El álbum cuenta con 9 canciones, singles potentes y colaboraciones con Martina lluvias y Chini Ayarza. Obvio que se transformó rápidamente en mi regalón del año, tanta espera valió la pena.  Es un trabajo redondo donde sólo nos muestran que siguen siendo de las bandas más importantes de Santiago. A nosotros sólo nos queda desearles suerte y aguante para que nos sigan trayendo sonidos bacanes para vacilar/mirar por la ventana de la micro/suspirar. #ConEsteDiscoMeSientoMenosMal

“Amanda” de El Cómodo Silencio De Los Que Hablan Poco
(Seleccionado por Tami Silva)

2 años desde “Run Run”, un tema más, una nueva integrante. “Amanda” (en honor a la perrita de la carátula) comprende el fortalecimiento de sonidos y lírica del conjunto de amigos, adentrándose en sonidos andinos y guiños trap con la presencia del autotune. Se puede encontrar suavidad en los glitchs amados del shoegaze y las voces de Franco, Vado y Matías; una bala en el pecho gracias a las letras emo. Himnos como “Zapatillas”, “Chiripa”, “Nuestro Tiempo” y “Nota024”, remecen el corazón y son dignos de corear hasta acabarse el aire.  Un trabajo que sigue un relato constante y si bien experimenta más en esta entrega, refuerza el sentir de El Cómodo: Un refugio para la tristeza.

“Para Hondo” de Cristóbal Briceño
(Seleccionado por Tillo)

No sé qué será pero siempre los discos solistas de Cristóbal Briceño me terminan gustando al tercer o cuarto intento. “Para Hondo” no fue la excepción. Recuerdo que cuando apareció pensé algo así como “puta la wea larga y es un disco doble, qué chucha”. Ahora agradezco caleta eso e incluso pienso “ojala fuera disco triple” considerando que está lleno de canciones tan buenas. Confieso que me he visto poniendo el disco una y otra vez, mientras hago trabajos en el computador. Es como si los relatos de Cristóbal Briceño me hicieran compañía ocupando el rol de ese amigo que te cuenta sus historias de cuando se quedó viendo goles en YouTube hasta las 6 de la mañana, o de sus penas de amor por la chiquilla que pensaba que era la indicada. En este álbum las letras clavan hondo el corazón con varios pasajes melancólicos y gritos desesperados. Los versos de Cristóbal siguen estando al servicio de la melodía pero como en cualquiera de sus proyectos se terminan robando la película. Es cosa de escuchar “Mi corazón es un nido de culebras” para encontrarse con un montón de imágenes únicas, como si se tratara de una revista de postales del mundo, de esas tipo National Geographic. Esperamos que el ojo, oído y corazón de este inquieto compositor no se agote y nos siga entregando discos que no buscan nada más que presentar buenas canciones. Ese gesto honesto se agradece.

“Las Torpederas” de Técnicas Manuales
(Seleccionado por Catalina Paz)

De vez en cuando escucho completo “Las Torpederas” (Sello Recolector). Uno de los pocos discos que he podido disfrutar de principio a fin este 2018 y sin esforzarme. A veces lo pongo en mi celular, otras en el computador de trabajo, otras en el reproductor de mi living mientras mi mamá habla de… Mis papás se enamoraron en Valparaíso. Mientras suenan las canciones ella recuerda, ella se siente vieja y le duelen las subidas al Concepción, a beber o a bailar en algún hospedaje de mala muerte. El pop-rock que podría asomarse fácilmente en una fiesta ochentera, según su oído, la transporta a esas andanzas de romance juvenil que hoy echa de menos. El tema que nombra la producción -igual de nostálgico- me hacen imaginarla en el que hoy es mi rincón favorito del puerto. Voy cuando puedo precisamente para homenajear su historia, y la de mi papá, antes que todo cambiara. Juntas navegamos por los sonidos y sus capas, intensas como en “Ella me llamó”, contagiosas como en “Se me hace” o “Carrito de Feria” o más suaves y tiernas como en “Día a Día” y “La Vergüenza”. Un recorrido que le habla a mi vieja del amor con sus trizaduras pero del amor al fin y al cabo. Yo la miro, yo escucho, yo me entrego y agradezco que existan discos que puedan producir estos momentos en mi vida. Que me ayuden a hablar de esos fragmentos íntimos que no siempre llegan con la sobremesa, la maduración y el paso de los años. 
Escuchen esta bella pieza porteña, bailen, lloren, cuídense y quiéranse en el limbo sentimental que es este disco, con sus ritmos y letras sufridamente melosas ♥.

“Arriba es Abajo” de Chini and The Technicians
(Seleccionado por Carlos Jaque)

A la Chini le han preguntado en varias entrevistas acerca del “concepto” que engloba el disco, y varias veces ha dado una respuesta distinta. Y es que “Arriba es abajo” conserva ese eclepticismo a lo largo de sus canciones, una duda constante de ambiguedades anti dicotómicas: que lo de adentro está también afuera, que lo de arriba es también abajo, que lo otro no nos es tan ajeno. Y en ese discurso, las canciones me terminan siendo un intento por dilucidar los ecos interiores e identitarios, constitutivos de nosotros mismxs. El constante uso de la reiteración como recurso literario en la letra de las canciones, los siento como un intento de autoconvencimiento, como si a la fuerza hay que entender algo que nos cuesta digerir, pero que sabemos que está: “Siempre dejo un espacio que me separe de ti, de ti, de ti, de ti” en “Espacio”, “¿Por qué ahora soy celosa de quien ni quiere verme? Ya no, ya no, ya no, ya no” en “Imagen”, o el fabuloso “No vale regar, regar, regar, regar, regar, regar, regar, regar, regar, regar después” de “Siempreviva”. Es una especie de ubicarse siempre en la duda, ubicar la certidumbre bien lejos, cuestionárselo todo pero partiendo por cuestionar el uno mismo. Al final queda más fuerte la idea de ponerse en la frontera, problematizar que tan otrx es la otredad, trizar lo que estaba bien (como dirían por ahí) y dejar una grieta para poder ver, reconocer la mentira del mantra (la repetición como autoconvencimiento), o un prisma en llamas como sensación de límite.

El “Arriba es abajo” fue un disco que, para la instrospección, dice que hay que romperse. Hace unos días fue elegido como uno de los mejores discos latinos por una revista norteamericana, compartiendo y calzando ferpectamente entre nombres espaciales; y yo me quedo cantando: “Tu casa, tu gente, tu latitud: Son clave”.

(Textos por equipo DdAF y colaboradoras).

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