Esta entrevista proviene desde antes de los tiempos de la cuarentena. Hace ya casi 3 meses, por ahí en febrero, que nos reunimos con Simón Campusano para conversar sobre el estreno de “Brillo” (Quemasucabeza, 2019), su disco debut como solista. Una tarde veraniega pa’ morirse de calor, cerquita de la Villa Frei y con esa sensación de que si Chile se venía abajo en ese entonces era por el Estallido y no por el maldito Coronavirus. ¿Qué tiempos verdad? Cuídense chiquis, la cosa está muy fea.
Conversamos sin pensar en lo que se vendría. Cosas feas como el encierro y el descuido gubernamental que nos tiene en vilo cada mañana con esos anuncios de contagio; pero han pasado cosas buenas también, como la reciente nominación de Simón para los Premios Pulsar 2020, en la categoría “Artista Revelación”.
Repasamos lo que fue el estreno de este LP, sus distintos pliegues creativos, la relación del Simón con esta nueva etapa y el trabajo en paralelo con Niños del Cerro, la potencia de haber lanzado el disco justo una semana antes de que la primera línea arremetiera en Plaza Dignidad. Démosle entonces!
AYER VOLVÍ A ESPERAR A QUE ALGO NUEVO ME PASARA
1. ¿Cómo nace la idea de componer “Brillo”? ¿Fue algo planeado o algo que emerge más bien de un ejercicio espontáneo?
Sí, tiene cierto grado de espontaneidad. Tiene bastante de eso en realidad porque son canciones que empecé a acumular en mi computador como maquetas desde el 2017, en el proceso en que estábamos haciendo el “Lance” (Quemasucabeza, 2018) con Niños del Cerro. Por ese entonces ya iba todo bastante avanzado. Y bueno tenía estas maquetas, me fui de vacaciones tres meses y durante ese tiempo las desarrollé aún más e hice temas nuevos estando allá también.
Entonces por ese lado es espontáneo, pero igual por otro lado como que existía en mí una inquietud de hacer algo aparte de la banda, como explorar otra faceta musicalmente hablando, otras sonoridades y formatos que no estaban teniendo lugar en Niños del Cerro. La banda empezó a tener una dinámica de trabajo más colectiva y más compleja en el buen sentido: no es que sea una paja, si no que tomaba más tiempo en ese momento hacer canciones con los chiquillos.
Otro factor fue el hecho de que me estaban invitando harto a tocar solo, desde que salió el “Nonato Coo”. Al principio no me gustaba, me incomodaba… pero después me empezó a gustar cada vez más y me dieron ganas de desarrollar un repertorio mío y sentirme más suelto en ese sentido.
– ¿Qué era lo que te incomodaba?
Porque el “Nonato Coo” cuando lo compusimos, y esto es algo que todavía siento así, eran canciones que están muy hechas para los cuatro instrumentos que las tocan; entonces como que tenían muchos pasajes. Bueno el “Lance” también… pero en ese tiempo yo como que componía con otra predisposición.
BUSQUÉ VELOCIDAD DE ALGÚN LUGAR AÚN GUARDADA
2. En relación a esto mismo que venías comentando. ¿Qué dota de particularidad a “Brillo” respecto a todo el trabajo previo con Niños del Cerro?
Es distinto creacionalmente. Me es difícil igual explicarlo de una forma más o menos coherente o elocuente, siento que se distancia desde muchos ángulos. Por ejemplo, desde cómo empecé a hacer las canciones hasta lo más evidente que es la instrumentación… que escuchai’ como más sintes y cosas así, que no aparecen taaanto en Niños del Cerro. A partir de esas maquetas que te mencionaba, y junto al trabajo que hice con el Merci (productor del disco), empecé a darle una ondita un poco más electrónica a todo.
Cuando se me ocurren cosas que van pa’ Niños del Cerro tienen como otra energía. Algo de lo que me di cuenta tocando solo, fue como del rango dinámico que yo me permitía, de los varios matices que se me abrían; podía cantar muy fuerte o muy bajito y lo que hay entremedio de eso podía ser interesante: me empezó a gustar lo que estaba logrando con la guitarra solo. Y eso que nunca me llamó mucho la atención la trova, como en la época en que estaba de moda Chinoy, por ejemplo, que todavía no me llama mucho la atención en realidad…
– “Amigo Chinoy” (Amigo Chincol) leí por ahí en un comentario…
Sí, el Totó le puso así a ese tema cuando lo ensayábamos para grabarlo y ahora es como una talla con mis amigos (risas).
Pero como te decía, nunca me había llamado la atención la idea de una persona sola tocando la guitarra y cantando porque la música que yo escuchaba tenía otras texturas, ritmos, etc. no me prendía mucho. Ahora sí, yo tocando solo me di cuenta de que estaban estas cosas que lo podían hacer bacán, que era jugar con el material, convertir la experiencia en una weá más cálida e íntima.

ME ACOSTÉ PARTIENDO EN DOS EL VERANO PASADO
3. A mí personalmente me gusta mucho de tu disco cómo las distintas capas melódicas, pueden responder de una manera muy prolija a lo anímico. O a los estados de ánimo en otras palabras. Entonces yo sé que igual esto puede sonar súper íntimo porque cada quien tiene su propia interpretación más recóndita de lo que le pasa con la música. Pero desde mi escucha me llegó así. Veo esto como una cualidad bien lograda. ¿Qué pensai’ tú sobre eso?
Lo que estabai’ diciendo me recuerda a un comentario que me hizo un amigo, el Jorge Peña, con el que hicimos un video hace un tiempo además de las fotos del disco y todo eso, entonces igual él lo escuchó antes y estuvo metido más o menos en el proceso.
Él me comentaba que lo que le gustaba del disco era que tenía… no sé si es más o menos parecido a lo que te pasó a ti, detalles memorables de las canciones que podían hacer sentir o emerger ciertas emociones en particular. Decía que si él pensaba en todos los temas, cada uno tenía como una weá, una melodía o algo, que podía ser la voz o algún instrumento, y que lo hacía recordable. A él le pasaba más con los pasajes instrumentales que con las letras.
– Sí, claro, entiendo. También me pasaba que podía hacerme una escena muy gráfica, no sé si en mi cabeza (risas); esto suena raro, tal vez una escena muy corporal de lo que tiene que ver con el clima, el tiempo, las estaciones del año, el ambiente. Me refiero que hasta uno puede llegar a sentir más frío o más calor con tus canciones.
Yo creo que eso puede ser algo a lo que le he sacado más el rollo ahora con tiempo; sí, un concepto súper interesante del disco y quizás casi como un subtexto del mismo son las estaciones.
“Brillo” por ejemplo, la canción, es como media invernal. Y quizás “La Astuta Cordillera” más de verano. “Amigo Chincol” primaveral o de principios de otoño. No sé. Pero sí, es bacán esa cualidad que tienen las canciones. Ahora hace más sentido pa’ mí este mismo elemento del que hablamos y me lleva a creer que el disco tiene una sonoridad que está muy unificada, no hay ninguna canción que se escape tanto. Eso es lo que quería hacer y me gusta mucho sentir que de alguna forma se logró porque a la gente le pasan estas weás con los temas…
BUSCANDO LA MAÑANA OTRA VEZ, SE FUE
4. Ya, ahora… Han habido artistas latinoamericanos, no sólo músicos como la misma Violeta, por ejemplo, sino también escritores como Huidobro, Cortázar, entre otros, que en algún instante han depositado su ser en París. Más allá de las razones que los han llevado a ese lugar, de allí han venido grandes momentos inspiracionales. ¿Te pasó algo así? Esto yo lo sé por lo que me contabai ahora, y también por lo que leí en redes y otras entrevistas así bien sapa (risas). Lo asumo igual por algunas letras del disco… el que estuviste por allá un tiempo.
Sí, yo creo, que en mi caso no tiene que ver con la ciudad misma porque de hecho no me gustó tanto. Aparte la gente era más pesá que la chucha y todo terrible caro (risas). Entonces no tenía muchos panoramas en esos tres meses que estuve. Me dediqué a andar en bicicleta que era gratis (risas). Y puta, la weá es que en mi caso era más una especie de retiro que una fijación particular por ese lugar.
Una oportunidad para estar con mi tío Víctor que me recibió y con quien mantengo una relación cercana y súper especial, además de conocer –porque no creía pudiese volver tan fácil a ese lugar– y ver qué se daba.
Me aburrí mucho por eso siento que el disco responde harto a esa característica. Es más introspectivo porque de partida no hablo francés entonces mi interacción con la gente allá era nula a menos que fueran amigos de mi tío o weones chilenos derechamente, y como todo es súper inasequible, y la ciudad es muy poco amigable para alguien que no es sólo un turista, o que no pretende instalarse allí a vivir… Quería hacer cosas, no tenía plata, andaba en bici… y si no, estaba encerrado en la casa haciendo canciones. O salía a caminar solo. Me acuerdo también, de hablar solo, caleta (risas).
– Igual es como entretenido pensar que de repente se puede “des-romantizar” esa ideal del artista en París.
Existe ese cliché y claro es efectivamente una ciudad linda pero donde yo al menos no me sentí estimulado como en otros lados, Barcelona, por ejemplo. Fue básicamente como te lo describí.
– Y respecto a esto mismo de la inspiración ¿Cómo la vives tú? Yo creo que igual es algo difícil de poner en palabra.
Yo creo que cuando estudiaba en la Universidad dejé de creer en la inspiración. O en la idea romántica de lo que es la inspiración, así como que estay debajo de un árbol de repente, descansando y te llega…
Vista desde ese punto para mí en realidad no existe; sólo existe el trabajo. Y si buscai’, si perseguís’ el concepto, si tratai’ de estimularte creativamente vay a encontrar weás y vay’ a terminar haciendo cosas. Obvio que va a ser pelúo. Hay que buscar esos estímulos, ya sea en experiencias, en gustos, intereses, etc. Esto es lo más importante que aprendí en la U, y es lo que he aplicado harto a mi vida y a mi oficio como músico.
Cuando vino el colapso de la ARCIS y cerraron mi carrera, ya estábamos con los cabros empezando a grabar “Nonato Coo”. El Pepe era mi compañero en ese entonces. Nos salimos y dijimos “esto fue lo mejor que nos podría haber pasado”. Nos pusimos a trabajar en el disco y después la weá se fue dando muy naturalmente.
Si bien en la Escuela tenía profes bacanes, había gente muy creativa, chora y re buena, en realidad, ninguno de ellos/ellas se dedicaba a lo que yo quería, que básicamente era grabar discos y tocar en vivo.
QUIERO DESPERTAR CONTIGO SOBRE EL PARQUEt INFINITO DE TU CASA JUNTO AL RÍO
5. En “Brillo” ¿Cuáles dirías tú que fueron los principales elementos del cotidiano que le otorgaron cierto sentido para ti?
Hay hartos y están muy evidenciados en los títulos de las canciones. “Sobre el parquet infinito” es un tema que habla de todo el proceso que fue irme de la casa de mi mamá y vivir ahora con mi polola. A través de anécdotas y cuestiones puntuales, como por ejemplo ésta que he contado un par de veces en vivo, de cuando fui a Temuco a tocar al Palmera Music y cachamos que la Palmera no era una Palmera sino una Dracena. Esas cosas súper íntimas de mi relación con mi polola terminaron en el disco pero para ilustrar una imagen más grande.
“Parc Des Buttes-Chaumont” es una canción que lleva ese título por un parque que hay en París. Muy chistoso y muy artificial como todos los parques franceses que tienen el pasto cortado perfecto y los árboles cuadraditos. Bueno este parque además, tenía la particularidad de estar hecho como de “cerritos”. Era una paja porque subíai’ y bajabai’ todo el rato pero bueno igual era divertido. Fue un parque que me gustó mucho conocer. Había compuesto esta canción que era instrumental, y que en ese entonces no tenía nombre. La llamé así en función del lugar.
El tema está construido en un loop que se reproduce a tres velocidades distintas. Lo hice con un pedal que me prestaron, aprendí a ocuparlo y lo usé en esta canción. Este loop se va reproduciendo al doble de la velocidad, sube una octava o dos casi en el registro, suena más agudo y luego suena a la mitad, más grave. Con un mismo loop tenía como hacer pa tres partes de la canción y ese elemento sentía tenía mucho que ver con este parque.

Y PODER CAMBIAR LO QUE AL FINAL ME ESTABA HACIENDO TANTO MAL
6. “Brillo” lo lanzaste justo en Octubre que fue el mes del “Estallido Social”, donde como dice la consigna “Chile despertó”. Es una situación bastante significativa que debe haber traído efectos en cuanto a tus expectativas respecto al debut del disco. ¿Cómo lo has vivido? Pensando que igual estamos todavía en esto.
Desde un lugar demasiado íntimo, a mí esto me sirvió mucho para preguntarme cosas que el año pasado me tuvieron complicado. Yo decía “pero por qué weón, si estamos haciendo esta weá bien, y está funcionando, es tan difícil todo”, respecto a la pega con Niños del Cerro particularmente. Asumir que estamos más viejos con los chiquillos y que pa’ nosotros ya es definitivamente un trabajo. No creo que exista nada a lo que le hayamos dedicado más tiempo y energía que a la banda, a la música. Ir viendo los frutos de eso, que se traduzca en plata en medio de lo complejo que es vivir en Santiago, y el sistema es una mierda…
El año pasado estuve todo el tiempo frustrado diciendo eso. Tratando de hacer que todo valiera la pena, funcionara… me puse a hacer mi disco y dije “ya, voy a darle con esto y las cosas resultarán”. Pero claro, se fue todo a la mierda (risas). Filo, yo… simplemente lo abracé.
Fue como “puta acabo de sacar el disco y quedó la zorra, pero necesitaba esto, lo deseaba”. No me quejo de nada porque es lo mejor que me pudo haber pasado en 30 años en lo que respecta a este país culiao. Como que si te empezai’ a poner individualista en ese contexto te convertís’ en un facho culiao, en un weón que sólo piensa en sí mismo y en el bienestar propio.
Me empecé a preguntar cómo podía aportar desde lo que hago. Quizás a mí no me nace o lo encuentro un poco forzado hacer una canción al respecto, no encuentro que tenga mucho sentido porque siento que como ciudadanos lo que hay que hacer es participar de otra forma.
Las primeras semanas esto era estar en la calle, después que la cosa se empezó a articular más naturalmente por decirlo así, la mano fue tocar: “Toquemos po weón, si qué hacemos nosotros, se supone que somos parte de esta industria del entretenimiento”. Esto último como concepto me parece algo súper básico y capitalista porque es como que tú vay’, te entretenís’ y chao. En cambio pa’ mí las tocatas y la música van más allá, tienen que ver con una experiencia profunda. No es algo así como que te tomai’ una coca-cola, no sé po, es más íntimo. Resignificar esa palabra y toda esa industria es algo muy importante de hacer en contextos como éste.
– Y respecto a “Brillo” ¿Tuviste alguna posibilidad de habitar espacios como estos que se estaban levantando, de maneras más autoconvocadas, en algún momento?
Salió el 11 de Octubre, justo una semana antes del estallido. Ahora se ha escuchado un poquito más… y sí, he estado participando en eventos más chicos donde he podido ir presentando en vivo el proyecto.
Ponte tú, igual yo siento que hay discos que salieron en el mismo momento y conceptualmente dialogan mucho mejor con lo que empezó a suceder después en Chile; como el disco de Medio Hermano. El mío igual es más introspectivo, es más como otra onda.
– Pero de todas maneras, desde una interpretación muy mía, pienso que tu disco hace que uno pueda conectarse con algunas emociones que nos produce la vida un poco nefasta que llevamos. Por ejemplo, que los estados emocionales intensos y que son a veces caóticos, no tienen cabida dentro de esta máquina para ser asimilados.
Esa es quizás la relación más interesante que se puede hacer con las temáticas que propone el Brillo. Sentimientos o sensaciones más intensas, o la inestabilidad emocional; el hecho de estar agobiado o acongojado, acostumbrarte a eso.
– De repente tenís gente pasándolo como el hoyo por años sin entender que lo que le pasa es que está mal, está triste por cosas que lo exceden… sin poder hacer mucho al respecto.
Claro, eso es muy cierto. Al menos desde ese ámbito, me siento re afortunado de haberme acercado a la música. Por medio de ella he podido canalizar esas emociones, trabajarlas y crear algo lindo, yo creo, con eso. Porque no laburo “formalmente” ni estudio desde hace caleta, me veo un poco fuera de esas dinámicas deshumanizantes del sistema; aunque sípo, las he vivido igual, tal vez más crudamente en otros instantes de mi vida.
En esa época estaba más desensibilizado con la weá, porque lo tenía que hacer todos los días sí o sí, ya me daba lo mismo. Era una mierda, pero daba lo mismo, lo hacía una y otra vez. En cambio ahora como lo experimento menos tanto tengo otra relación con ese ritmo de vida.
Meterme a esta máquina para resolver cosas como que no tengo FONASA, debo el CAE, etc., siento que a la larga me va a enfermar más porque voy a dejar de hacer las weás que me gustan por difícil que sea sostenerlas. Prefiero abrazar esa incertidumbre.
SI NO ME MUERO AQUÍ, SI LOGRO AL FIN SALIR, VEINTE DÍAS MÁS SE ACERCAN, ME PREOCUPA MÁS LA VUELTA
7. Ya para ir cerrando, a propósito de lo que hemos conversado en esta última parte, ¿crees que haber lanzado “Brillo” en este periodo ha sido una oportunidad? ¿En qué sentido?
Yo siento que todavía no lo sé, el tiempo lo va a decir. Como ese proverbio Chino que dice “buena suerte o mala suerte, el tiempo lo dirá”. Siento que muchas weás en la vida son así. Prefiero no pensar tanto, y esperar que la recepción del disco tome su curso natural, lo que tampoco significa que no voy a promocionarlo ni voy a tocar, porque eso para mí es una parte de este trabajo. Yo lo veo más como que tengo canciones nuevas que quiero tocar porque me gustan, porque soy feliz haciéndolo, más que por un afán capitalista de “weón, tengo que vender esta mierda que hice”.
Ahora la cultura está volviendo con fuerza de un modo distinto. Ayer yo quería jugar a la pelota acá en la Villa Frei, y nos topamos con una actividad cultural que estaban haciendo los mismos vecinos, y dijimos “bueno bacán, esto en el Chile 1 no hubiese pasado pero en el Chile 2 pasa”.
En resumen, así me siento con el disco. Por un lado podría estar súper frustrado diciendo “puta, se vino a la mierda toda esta weá”, pero sería lo mismo, sería como validar la lógica del modelo, esta misma dinámica que nos tenía para la cagá y súper enfermos.
– Claro… darle un lugar al contexto. Y en un como éste, imagino, la experiencia es potente.
Sípo’, al final lo único que pasó es que nos dio más tiempo, no pasó nada más, nada malo. De hecho fue bacán, la raja, qué rico tener más tiempo. No sé, con los Niños del Cerro vamos a sacar un EP (YA SALIÓ CACHEN QUE ESTAMOS CON JETLAG) que estaba listo desde antes, lo pudimos volver a mezclar para que quedara aún mejor, y ahora sí estoy más contento con el resultado de eso.
– Y ahora, para sí ir cerrando: elije una frase del disco que tal vez represente tu sentir respecto a la hermosa y necesaria tormenta social en la que estamos.
Mh a ver, estoy pensando en las frases del disco. Puede ser algo de “Amigo chincol”, como el pre coro, que dice “si todo sigue así, qué va a quedar de mí, 20 días más se acercan, 20 días más que pesan”. Que igual es como una frase media triste, pero puede ser una frase esperanzadora a la larga. Porque todavía queda mucho por hacer, sólo me preocupa la vuelta que le demos nosotros.
– Ya, ahora la última, ¿cómo estás pensando el futuro en términos más concretos por decirlo de algún modo? ¿Habrá edición física de “Brillo”?
Me gustaría empezar a hacer música nueva con los chiquillos (Niños del Cerro). Y… sí, de hecho he estado este último tiempo en eso. Vamos a sacar un cassette con Quemasucabeza que está quedando lindo. Eventualmente también vamos a sacar copias físicas del EP de Niños del Cerro, y también lanzamiento para ambas producciones.
Para “Brillo” hace tiempo estoy ensayando con una banda que armé, está el Merci en bajo y secuencias, Toto de Medio Hermano en batería, Matías Soto de Armisticio en teclados sintes, y el Fefy de Frucola Frappe y Silabario en teclado, guitarra y voz. Y esos son como los planes a mediano plazo, hay que ir viendo cómo se da la cosa.
Y MIENTRAS TANTO, LLEGÓ EL CORONAVIRUS A CHILITO… ESTAMOS ANGUSTIADOS, ENOJADOS, CON MIEDO. POR ESO RESISTIREMOS Y DAREMOS CARA.
De momento habrá que esperar el fin del fin del mundo para disfrutar de la aplazada presentación en vivo del disco debut en solitario de Simón Campusano. Usted no sea gil y pónganse a escuchar “Cuauhtémoc” (Quemasucabeza, 2020) que desde Marzo nos tiene más contentos en el encierro. Besitos.
(Entrevista por Catalina Paz | Fotografías por Jorge Peña).




