Con un desfase poco sutil llega este recuento que no quisimos dejar pasar, aunque la temporada de listados ya haya quedado atrás. Acá les compartimos lo que más nos llamó la atención del año 2019 en música chilena.
En plena época de singles y canciones sueltas, publicar un álbum larga duración se convierte en una declaración de principios donde se apuesta a los trabajos conceptuales y a las altas inversiones para producir este material. Por eso valoramos que las bandas y artistas se sigan atreviendo con los discos, regalándolos múltiples opciones para escuchar, descubrir y disfrutar nueva música.
El año 2019 fue caótico, trágico, emocionante y abrumador. Pese a todo lo ocurrido en Chile en materia social, el arte siguió su batalla para no hundirse y continuar con su noble labor de inspirar y motivar a todos nuestros corazones. Hoy les mostramos una selección de nuestro equipo de 8 piezas discográficas que emergieron el año pasado y que les recomendamos absolutamente. Los textos fueron escritos en ese lejano 2019 y principios del 2020, pero hoy fueron recuperados desde su borrador oculto entre notas descartadas y estrenos nunca subidos. Esperamos que sirva de algo, perdón por la demora.
Simón Campusano – “Brillo” (Selección de Catalina del Campo)
De no haber sido por “Brillo” (Quemasucabeza, Octubre 2019) el último periodo del 2019 no lo sobrevivo. Entre la mala alimentación y el efecto mariposa de la benzodiazepina, apareció. Y fue justo esa dosis de trance que necesitaba para el buen sufrir. La patineta de Simón Campusano fui yo acongojada en los viajes matutinos dentro de la J03, preguntándome por las intrascendencias de siempre en medio de un mundo incendiándose desde mi ventana. La crisis de pánico no ha sido más que una alerta, una chispa de consciencia de lo difícil que es aceptar esta vida cuando se es demasiado Common People, y otros -no tan Common People- abusan de nuestras circunstancias. Me tejí airosa en ese discurrir de la agonía sentimental, con las melodías del niño del cerro haciéndole reanimación a cada ahogo, curando un poquitito esa falta de aire, prendiéndole una vela a la abulia, esa desazón gozosa y pesimista.
El sonido de la alarma a las 06:00 AM significó por meses una nueva oportunidad de intimar con “Brillo” en la soledad de mis mañanas. Más allá del recorrido ambivalente entre esa bossa nova perdida y la reminiscencia andina de Los Jaivas, un indie folk que casi que extraña al pop y por eso lo convoca de repente, más allá, estuvo esa hendidura del lamento pero que no es vacío, es revelador; “dentro de mi corazón enfermo el pronóstico del tiempo”… los estribillos acompañando un torrente de deseos mundanos, de esos que a veces sí y a veces no, pero al final qué importa.
Es como si la frescura del ritmo entre medio de mis uñas o enredado a la saliva que no trago por sugestión, hubiese hecho de salvapantallas a las preguntas que habita(ba)n mi espíritu quejumbroso en modo suspenso / drama: echar de menos cosas que se tienen, imaginar escenas que en verdad ya pasaron, dejar los planes de lado no porque estrese la vorágine de la ciudad, ni del trabajo, ni del mal dormir, sino porque se tienen demasiadas certezas.
Qué bonita agonía ️<3 terapia infinita de la que recojo esta frase y nos vemos vida desvergonzada: “cuando espero algo en serio pienso este año no estuvo tan malo igual rescaté tres veranos de sol”.
Medio Hermano – “XO” (Selección de Carlos Jaque)
Donde más suma puntos lo último de Medio Hermano, es en apostar a alejarse de una fórmula que hace unos años marcó lemas en nuestros corazones. Pudiendo seguir una línea probada prefieren adentrarse en sonidos que desbordan frescura, cuestión que los llevó producir un material tan redondito como “XO”, apoyados en esta ocasión por la buena gente de Beast Discos.
Si hay música para la eterna nostalgia quinceañera, por acá nos posicionamos en un punto aún más duro: ese momento en el que ya no vale seguir la pataleta, la cosa hay que hacerla igual y hay que hacerse cargo del uno mismo. Y como dar respuesta sin traicionarse? Porque uno empieza a traicionarse, y empiezan todos los atados. Y en el afán de cantarle al constante darle pelea a los atados, por el atrevimiento máximo de que estar viejos es bacán, de que el tiempo es amigo, de que nos sobra la vida, Medio Hermano termina por marcarnos tatuajes con anti referencias de antaño: “me gusta el pop pop, el maldito pop”.
Mambo Solo – “Santiago Vodou” (Selección de Janine Aravena)
Mambo Solo logró traspasar demasiados obstáculos con su disco debut, “Santiago Vodou“. Como una verdadera terapia que en media hora estimula el alma y el cuerpo por partes iguales, la banda puso en el centro de su trabajo un llamado de atención que se eleva porque no precisa de un sólo ritmo o lenguaje. Al final, si se dan las condiciones, mover el cuerpo es muy simple.
Entre chilenos, chilenas, haitianos y haitianas, lograron descifrar con mucha coherencia un histórico mensaje en clave “afro-pop”, dirigido sobre todo a quienes todavía no entienden que la Tierra emergió sin fronteras y tiene una historia mucho más amplia que debemos seguir releyendo para cambiarla, para construir de nuevo, mezclándonos y respetándonos.
Nuestra identidad no es otra que la trinchera que adoptamos para defender las injusticias. Y aunque en “La Noche Santiaguina” todavía queden resabios del pedófilo rey del Pop, puedo considerar la reivindicación de les oprimides y violentades como un motivo más que suficiente para que vayamos despabilando todes en el camino. “¡Let’s do it together!”, ya lo han dicho antes, y en este 2019 que recién pasó también lo grita Mambo Solo en medio de “La Diáspora Africana”.
Los Animales También Se Suicidan – “Balneario” (Selección por Roberto Silva)
El pop y el rock encuentran las porciones precisas en “Balneario“, el álbum debut de esta banda con dos rasgos inevitables: el recordable nombre del grupo y la inconfundible voz y pasos de baile de su frontman.
Los Animales También Se Suicidan presentan canciones refrescantes y envolventes, de esas que siempre hacen falta, tanto en días nublados, tardes soleadas o noches de tocata. El sonido del bajo se apodera del groove en la mayoría de las canciones que componen “Balneario”, invitándonos a un meneo de cabeza constante. Imposible no bailar con tracks como “Inmigrante” o “No pude” y dejarse llevar entre la gente mientras la banda toca sobre el escenario.
Nueve canciones conforman este disco que tiene impregnado en él un sentimiento de nostalgia, una remembranza de cientos de conciertos con los amigos. Saltar, cantar, alzar los brazos. Escuchar “Bicicleta”o “Balneario” es transportarse a una multitud donde todos vibramos por lo mismo, en este caso, el sonido de una banda de quienes esperamos recibir mucho más en un futuro próximo… ¡por favor!
Diego Lorenzini – “De algo hay que morir” (Selección de Catalina del Campo)
Yo pensé que después de “Pino” (Uva Robot, 2016) lo próximo de Diego Lorenzini no iba a ser la misma bomba en mi placard. Pero lo fue, y la espera de tres años quedó knockout con los diecisiete tracks que completan “De algo hay que morir” (2019). Es que soy impaciente, hueá que odio tanto como escribir hueá con “h” y no “w”. Uva Robot siempre experto en provocarme e irritarme para finalmente dejarme seducida así de fácil, pasándome los medios rollos, toda “open up your heart”.
La cuestión es que hoy me castigo por no haber tenido tiempo para repetirme más veces el disco dada la premura del trabajo y la narcolepsia Transantiaguina. Pero, tomando las circunstancias con otro “color esperanza” fue para mejor. Las vacaciones comenzaron con desayunos al compás de “Sí po” mi favorita de todas, y así, ha sido un redescubrir fuera de la taquilla pero en onda con mi ritmo interior.
Admiro lo bien logradas de las creaciones de Lorenzini, sobre todo, por el hecho de que no suenan forzadas. Quizás qué tejemanejes han habido, pero el Diego transmite una energía espontánea. O cálida, algo honesto, como cuando llegan todos a la casa de la abuela un día de semana, y sin querer se arma una once rica, de las mejores. Si ya todo iba bien de entrada, cuando los significados comenzaron a arrimarse a mi cien, entonces la paradoja sobre el “vivir para morir / morir para vivir” sumó mil más. Un diálogo infinito de temas que van hilándose por medio de este dilema filosófico, no por eso docto, contrariamente de la guata. Remata el round con la voz de la Chini.png en “Mierda”, coronando el feat que más me pegó y enamoró de toda la producción; ya venía bueno con Niña Tormenta, Simón Campusano, Javier Bobbert y luego se puso cuático con Rosario Alfonso y Erlend Øye, dándole fuerza a la versatilidad de Lorenzini para pasar de baladas a cuecas con un telento que emboba.
Para terminar, rescato el mensaje de esta canción: “súbete a tu Pony y bájate de allí de donde no creen en lo que tú si crees”. Siempre montada en el Pony, nunca inmontada! y abajo los apuntadores del deber ser, para qué frustran demás digo yo.
Fonosida – “Dorama” (Selección de Carlos Jaque)
Con Fonosida se da un viaje bien particular, donde se rememoran ideas que parecen primitivas, que creíamos más que superadas, guardadas (o borradas, 10 años después), pero resulta que estuvieron a flor de piel todo el tiempo. Justo cuando pensamos estar aptos para la adultez, llegan las 10 canciones de “Dorama” cual cachetada para hacerte ver lo poco que estamos de ser ese pasadopisado.
Y lo más cautivante está en todas las posibilidades para perderse en las mismas cosas de siempre, la vigencia de certezas que (sobre todo desde octubre 2019) parecen volver a tener sentido: esta canción se parece a Los Bunkers? O a los Clash? Una canción que ilustra un cassette de Cachureos? Le estoy cantando al amor o es otra agonía edípica? Todo esto y más en solo 30 minutos, el disco perfecto para la generación a la que le extendieron la adolescencia hasta los 25 años.
Sri Lanka 100 – “Osaka” (Selección de Janine Aravena)
Siempre va a ser bueno destacar proyectos como Sri Lanka 100, lo siento casi como un rescate patrimonial. La banda liderada por Ricardo Herrera ha desarrollado un sonido electrónico, introspectivo pero bailable, que no es muy fácil de comparar, ni encontrar. Gran parte de la propuesta son temas instrumentales basados en samplers y sintetizadores, herramientas que ciertamente han sido utilizadas por un sinnúmero de artistas a lo largo de la historia, pero otorgan técnicas que no dejan de avanzar con la tencnología.
Las mezclas y técnicas, inspiraciones y vibraciones, se pueden revolver en los 25 minutos del disco “Osaka”; seis tracks titulados en base a distintos tragos orientales, por donde incluso pasa una pieza de flauta traversa, y finaliza con una reversión de “Sports Men”, unas de las obras más contundentes en el prolífico universo sonoro del músico japonés Haruomi Hosono.
El trío que da vida al quinto álbum de Sri Lanka 100 no deja de ser particular. Todos sus integrantes son parte de proyectos paralelos, independientes y no. Iara Espinoza dos Santos es IARAHEI, cantante y dj de reconocidos escenarios del país como el Fauna Primavera, Noa Noa y más. En tanto, el productor de artistas como Dj Lizz, Premium Banana, es Luis Herrera, y junto a Ricardo Herrera -sin ser parientes-, comparten filas también en Medio Hermano, banda que sigue presentando su altísimo segundo disco, “XO”. Sin duda, para el trío hay un nutrido presente y esperamos poder seguir disfrutando de sus entregas, en cualquiera de sus formatos.
Maifersoni – “Monstrws” (Selección de Roberto Silva)
Siempre intrigante y profundo, Maifersoni nos entrega su tercer disco con un título muy ad-hoc, “Monstrws”. Las canciones funcionan como misteriosos seres cautelosos, acechantes, con fisionomías y estructuras que desafían el oído y los sentidos. Cada cambio de acorde o parte es una aventura, un juego de ilusiones y trucos que a la primera escucha te atrapan, a la segunda te deleitan y a la tercera te devoran.
Cine de ciencia ficción, de misterio y de suspenso. Si “Monstrws” fuera una película podría estar en cualquiera de estos pasillos o archivadores dentro de un videoclub. Sus sonidos evocan múltiples imágenes, sabores y estados de ánimo. Un temor por lo desconocido, por lo que observa desde la oscuridad para finalizar con un gran plot twist: el monstruo está dentro de cada uno de nosotros, y quiere salir a destruir todo lo que está mal.
9 canciones, 3 tracks en cada acto, “Monstrws” se desarrolla como una obra dramática en días extraños donde la ficción supera a la realidad.
(Foto por Fabián Suspensivo)




